OFRANEH

ORGANIZACION FRATERNAL NEGRA HONDUREÑA

PUEBLO GARIFUNA

EL ARTICULO 8J DEL CONVENIO DE DIVERSIDAD BIOLOGICA


A pesar de haber firmado y ratificado el Estado de Honduras el Convenio de Diversidad Biológica (CDB), la implementación de ese instrumento jurídico no ha sido puesto en vigor de la forma adecuada. La destrucción ecológica en el país continua siendo parte de la estrategia de enriquecimiento de la elite de poder del país, la que continua con la imparable deforestación y permitiendo desde la minería a cielo abierto hasta la construcción de megaproyectos turísticos en áreas protegidas desatendiendo las observaciones presentadas por científicos y ambientalistas.


OFRANEH
ORGANIZACION FRATERNAL NEGRA HONDUREÑA
PUEBLO GARIFUNA
En Honduras se persiste en una anacrónica destrucción de la biodiversidad, como muestra de tal actitud está la introducción de maíz transgénico (modificado: eufemismo que utilizan los medios de comunicación locales para referirse a las variedades producidas por Monsanto, Dupont, Aventis, Bayer y otras) las que paulatinamente hibridizarán por medio de la polinización abierta, las variedades criollas. Cabe recordar como Mesoamerica es la cuna del maíz y las implicaciones que acarreará para la biodiversidad local la contaminación de la gramínea que ha sido el sustento de las culturas locales durante miles de año.


La importancia del conocimiento tradicional ha sido minimizada por los burócratas locales entre los que impera una actitud de racismo y desdén por las culturas indígenas, vistas como folklore y un posible producto para el mercado turístico. Mientras tanto, muchos de los indígenas y negros que habitan en las áreas de reserva ven sus vidas amenazadas al intentar obtener el sustento, ya que los planes de manejo han implicado la militarización de las áreas protegidas, sin tener en cuenta el derecho a la alimentación de las poblaciones locales.


La conversión ilegal de áreas protegidas a zonas de turismo es otro de los cuestionamientos que nuestra organización viene realizando al Estado de Honduras, demostrando con ese tipo de conversión la inexistencia de una verdadera tendencia a una autentica conservación de la biodiversidad, aseverando con esa actitud lo denunciado por organizaciones indígenas en la década de los 90, como intromisiones del Estado en los territorios indígenas dirigidas a crear desalojos silentes de las comunidades, para luego convertirlas en zonas turísticas.






 
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